Borja: “El problema en el Perú es de gestión y no de Constitución”

La falta de liderazgo, la polarización, el exceso de charlatanería y la continua burla hacia los ciudadanos posicionan al Perú en una crisis política y social que parece no tener fin. En este contexto, es normal que cada cierto tiempo surjan propuestas para intentar resolverlas, aunque no siempre son las más acertadas, como la de Asamblea Constituyente. En este sentido, el psicólogo Richard Borja, director del Instituto Peruano de Psicología Política, es tajante al afirmar que “el problema en el Perú es de gestión y no de Constitución”. 

Asimismo, resalta que no se debería dejar el país en manos de lo que dicte una sola ideología, o por copiar una agenda internacionalista. 

Gestión y no Constitución 

El experto explica que muchos todavía le dan mucha importancia al tema de la nueva Constitución pese a que la necesidad primordial recae en asuntos procedimentales de gestión.

“Las reformas y modificaciones que sean necesarias se irán dando, pues ninguna Constitución está escrita en piedra; sin embargo, ello se hace en virtud de las urgencias y reales necesidades del país o de las circunstancias”, explicó. 

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Asimismo, el psicólogo considera que si realmente se quisieran hacer cambios constitucionales que atiendan a la población se deben hacer en el tiempo correspondiente y respondiendo al llamado general, no de un solo sector. 

Cuestión de liderazgo

Borja: “El problema en el Perú es de gestión y no de Constitución”

“Se requiere partidos políticos con identidad y cohesión interna, que tengan una idea clara de lo que el país necesita y donde cada miembro de ese partido comparta dichas ideas y visión; no los clubes multicolores y sumas desbordadas de intereses que ahora son”, resalta el director del Instituto Peruano de Psicología Política. 

También considera que se necesita de una población consciente. No puede haber llamado a cambiar la Constitución si la ciudadanía no sabe lo que realmente necesita, o si las propuestas están fuera de la realidad. 

“Se requiere una ciudadanía madura políticamente, que sea capaz de identificar frente al espejo sus valores y sus ideas respecto al país y lo que necesita, que asuma una identidad política y no juegue con una ruleta circunstancial de emociones; sino, acepte como responsabilidad permanente que es la fuente del poder político y además su elemento fundamental de organización”, expresa. 

El Machete

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